No, no os asustéis que no os voy a contar ningún cuento para niños, ese donde coexiste un armario mágico, un rey que, como no, es un León y una bruja malvada que condena a todo el mundo a un invierno eterno. Aunque de esta última no sabría deciros.

Hasta hace poco mas de una semana, en esta Siberia mía, parecía que la primavera se hiciera la remolona, eso o realmente existe la Bruja Blanca y nosotros somos su reino particular de faunos, gigantes y duendes, condenados a un maravilloso clima continental.

Es curioso, siempre lo estudie como clima continental y resulta que ahora es Clima mediterráneo continentalizado, ¡chúpate esa! de lo que acaba una por enterarse, total, sigo pasando el mismo frío en nuestros inviernos de 8 meses, tengo la misma incertidumbre en el único mes de primavera y otro de otoño, esperando a ver con que día nos va a salir  y la misma calor sofocante en los dos meses de verano. Y no quiero hablar de las noches de verano... traicioneras y quinta columnistas.

Exagerada me llamareis alguno, sí sí... cuando veáis a una nevera dejar de cumplir con su labor porque fuera de ella hace mas frío que dentro o cuando a mitad de Agosto tengáis que sacar la manta para dormir, entonces ya me contareis.

El asunto es que la Prima Vera (nota personal: gracias Maye tu conversación sobre Fofo, Miliki e hijos me han hecho recordar cierto programa donde el equivoco de unos y otros hacían creer que la que venia era la prima y no la estación)  ya llega. Y con ella viene el cambio de armario que precede a una lavadora a pleno rendimiento, mismico, mismico que la locomotora de los hermanos Marx y ... tiemblo con pensarlo, al descubrimiento del michelín.

La locura, el desenfreno y el frenesí.

Las camas desaparecen bajo una cordillera de ropa que ríete tu del Annapurna, el suelo acaba repleto de jerseys, camisetas, camisas y atuendos varios que no he llevado ni una sola vez en todo el invierno y que esperan el sueño de los justos. En mi caso una gran bolsa de basura de las de comunidad.

Por que yo sigo una máxima que es ‘si en tres inviernos no te lo has puesto, el que viene no te lo pondrás'. Y aunque hay gente a las que este paso de tirar y desechar la indumentaria les asusta, para mi, dentro de la diáspora de ropa de un armario a otro, es  fácil . La bolsa de basura llena va a parar a casa de mi madre, que nunca se sabe, y si no mirar lo que se lleva ahora..., maldita sea la hora en que tire todos mis leggins allá por el 88.

Pero como una es una maniática del orden y la limpieza, todos los trapos que guardo de un año para otro, aunque hayan acabado de salir de allí, acaban pasando por la lavadora, esa gran desconocida para unos y gran amiga de lo ajeno,  la mía  me roba los calcetines, que me preguntó yo ¿para qué los querrá?.

Así que después de que mi casa haya parecido durante unos días la parada que el gitano Emilio tiene en el mercado los jueves, acaba siendo como esas zonas de oración en el Himalaya, con un millar de telas al viento. Si fuese budista este cambio de armario junto con el de septiembre (no olvidar clima mediterráneo continentalizado, en septiembre aquí el grajo ya vuela bajo) me evitaría cualquier rezo por el resto del año.

Y   tras la diáspora ropera, la lavadora a toda máquina y los trapos al viento, cuando me vuelvo ha poner  esos pantalones que guardé el septiembre pasado emocionadísima de haberme vestido con ellos ese verano después de otros tres, entonces, llega el michelín.  Y grito y me meso los cabellos y acabo metiendo ese pantalón veraniego en la bolsa cuyo destino es el exilio en casa de mi madre.

La primavera y el cambio de armario  trajeron al jodido michelín, aunque para ser franca, no debo echarles la culpa. Ellos no fueron,  lo vengo arrastrando desde el invierno, alimentándolo con turrón en navidades, con roscón en reyes, con bombones en febrero, una caja de alfajores de dulce de leche ,que aunque compartida también hizo lo suyo y sin olvidarme de los productos resultantes de la matanza invernal del cerdo, habitante sin discontinuidad de mi congelador.

Despues del michelín ¿que  viene?. Esa sabrosona manzana para el almuerzo, regada con una magnifica infusión de té rojo cosecha del 2009, esa comida de plato único con el pan desterrado al país del olvido y como no, la frugal cena de tortillita acompañada de un batido de frutas. Que no os lleve a escándalo, lo mío no es la obsesión por las dietas, caigo en ellas como cualquier hija de vecino pero tranquilos, esta situación me suele durar lo que dura un dulce en la puerta de un colegio o lo que es lo mismo, hasta finales de mayo que es el cumpleaños de mi hermana.

De lo que no prescindiré jamás por los siglos de los siglos, amén, es de mi vasico nocturno de café con leche. Animalico de costumbres que es una.