Esa arena negra, ese agua helada por ti.

Nunca jamás un adjetivo me hizo más feliz.

Es un hemangioma, un tumor primario benigno.

Si alguien no sabe de qué hablo

Después de pasar unos días horribles, los cuales no se los deseo ni a mi mayor enemigo y decidir que no íbamos a esperar hasta septiembre, que es cuando nos darán a saber los resultados de los análisis por la seguridad social, hemos ido por la privada para hacerle un TAC.

Los 165 euros mejor y más a gusto pagados de toda mi vida.

Hemos ido a la clínica un cuarto de hora antes de nuestra cita,  con puntualidad inglesa, se lo han hecho a las 12 del mediodía, pero los resultados no nos los daban hasta las 3 de la tarde, unas horas de infarto, angustiosas. Mi estomago ha estado cerrado a cal y canto, mis piernas a penas me sujetaban y mi corazón ha intentado batir el record mundial de pulsaciones por minuto. Unas horas en las que hemos andado, sentado en el banco de un jardín en una terraza y vuelto a andar, porque, por si fuera poco la espera, la hemos tenido que soportar en una ciudad que no es la tuya, que apenas conoces y con el miedo metido en el cuerpo, la impaciencia nos carcomía.

Y Ferdi entero.

A la hora convenida hemos ido a recoger los resultados, 20 minutos más de espera, minutos que he añadido a mi desesperación semanal, 20 minutos mirando caras de personas ajenas a mi y que me obligaban a preguntarme si también estaban desesperados por saber unos resultados que podrían cambiar sus vidas. Pero la espera ha valido la pena

Algún día escribiré toda una serie que titulare 'De médicos'.

Ya vuelvo a ser yo. Y Ferdi ha suspirado al menos 10 veces en el camino de vuelta.

La foto es mia, y mirarla siempre me infunde tranquilidad. Tranquilidad que ahora tengo.