Siempre que uno se va de vacaciones sabe que a la vuelta habrá algo que ha cambiado, por lo menos es lo que me pasa a mí, aunque solamente sean un par de anuncios nuevos en la tele, eso si todo va bien.

He vuelto con todos de vacaciones en mi sección y como no,  los 'dioses' también, que eso no quiere decir que no tenga trabajo, yo diría que más. Sacar un proyecto por pequeño que sea cuando están ellos es una locura si no están, es una locura desesperante, más si te dejan cuatro directrices escritas en un papelote que no entendería ni un licenciado en farmacia.

No se si ocurrirá en otros trabajos, pero mis jefes deben pensar que tengo el don de la telepatía, debo saber que pensaban cuando escribieron esos garabatos o cuando deciden cambiar algo a 300 km de distancia pero no te lo comunican, a estas alturas soy licenciada en Ciencia Infusa, ¡ y luego te llaman empanada¡.

Pero lo peor.

He vuelto con media Siberia quemada.

Siempre se me pone un nudo en la garganta cuando ves en la televisión que se han quemado tantas hectáreas de pinar, de encinar o de monte bajo, allá donde sea, pero cuando las hectáreas quemadas en toda la provincia son más de 10.000 de las cuales muchas son de un lugar no mas lejos de 40 kilómetros de tu casa, entonces duele más y si encima has paseado por allí, has visto cabras montesas saltar pos sus riscos, has paseado en la rivera del río, has hecho noche en un pueblecito que ahora sebes que ya no será el mismo, entonces el dolor es el mismo a cuando pierdes ha alguien que conoces. Como colofón a algo tan dramático, sí que hay alguien que ha perdido a un amigo o a un hijo, por que uno de los bomberos falleció manejando la motobomba, el monte podrá recuperarse en bastante tiempo, pero a él no lo recuperaran.

Todavía no he hablado con los amigos del territorio quemado, unos fueron evacuados y no puedo imaginar el miedo que sintieron al pensar que tal vez no tendrían un lugar donde volver, pero se que cuando los vea, al menos a uno, de profesión carpintero, cuando me hable del incendio, en su cara a la vez que la desesperación por el bosque quemado veré la impotencia por no poder haber hecho nada más y la indignación por la falta de medios materiales para sofocarlo, por que dentro del consuelo que te da que el incendio fuera provocado por las fuerzas de la naturaleza y las 'fuerzas' vivas de la región hicieran todo lo posible por sofocarlo, te queda la frustración de ser una provincia de segunda, que no cuenta con medios materiales para sofocar incendios en parajes sin acceso, que tiene que andar de prestado y cuando el vecino está en unas circunstancias iguales a la tuyas la ayuda es imposible.

Algún día tendré que acercarme a verlo, pero por ahora prefiero ver las fotos de aquel fantástico fin de semana.

La foto la he cambiado, la he tomado prestada del flickr de mi gran amigo Ignacio. Sin palabras.