O seis.

He dedicido llevar un especie de diario de mi viaje por el fantástico mundo de la reproducción asistida.

La vida no deja de darte sorpresas. Cuando tenía 25 años y tenia pareja, en ningún momento se me pasó por la mente ser madre, por lo menos hasta los treinta, creo que ni siquiera tenia eso que algunos llaman instinto maternal, incluso creo que ahora tampoco lo tengo, Deo gratias, sino este viaje sería todavía mas duro.

Por esos avatares de la vida, que a unos hace que les toque la lotería y a otros que se queden mas solos que la una, que dicho sea de paso fue mi caso, hasta los 32 no volví a encontrar a alguien con quien compartir algo más que toallas de baño y los gastos de la comunidad. Decidimos que los hijos llegarían después de pasar por vicaría (juzgado más bien) y aún con todo postergamos aumentar la natalidad un tiempo, para disfrutar de la vida en pareja, que siendo Ferdi gemelo, pensábamos que teníamos todas la papeletas para dejar de ser dos a ser cuatro.

Después de todo el tiempo que nos tomamos, cuando acordamos que ya había llegado la hora, que estábamos preparados, todo lo preparados que se puede estar, para ser padres, entonces va y resulta que esos pequeños cabrones son pocos  y cobardes, pero todavía hay más, por que uno de mis ovarios tiene un pequeño inquilino, lo que los médicos llaman un quiste endometrioso, más parece un taco que la definición de un tumor benigno al que, según ellos, no hay que hacerle ni puñetero caso.

Ya hemos 'padecido' cuatro inseminaciones artificiales, para el neófito en estas lides os diré de qué se trata:

Primero,  te medican para provocar una estimulación hormonal de los ovarios. Es como un concurso, ¿Que ovario será el que produzca los ovocitos más maduros, gordotes y sanotes? Para que os hagáis una idea, síndrome premenstrual a lo bestia.

Segundo, él tiene que hacer una donación, eufemismo de 'hacerte una pajilla en un bote todo lo antiséptico que puedas', para después tomar los espermatozoides y darles vidilla. Un día preguntamos que es lo que les hacían realmente y me contestaron:

_Los alimentamos, los calentamos y escogemos los más móviles.

Lo juro esa fue la respuesta.

Tercero, los introducen con una jeringuilla directamente en la vagina. El polvo más insulso de tu vida.

Así hasta cuatro veces, cuando esto no resulta pasas directamente a primera división, fecundación in Vitro, la madre del cordero.

Y en esas estamos, medicándome como una burra para ovular como una cerda, no lo toméis despectivamente, estos bichos pueden tener en una camada hasta 20 crías, ¿se nota que soy de campo?

Es raro, pero lo que peor llevo son los viajes y los madrugones, dos por semana. Revisiones, analíticas y ecos. Entre los pinchazos en la barriga que me tengo que poner, dos al día, y los que me hacen para las analíticas, dos por semana, parezco un acerico.

Como comentamos Ferdi y yo, toda esta odisea para tener unos hijos que seguramente cuando lleguen a la edad del pavo nos harán plantearnos para qué narices los tuvimos.

No he encontrado ninguna foto de mi agrado para ilustrar este comentario, así que os dejo una foto de mis vacaciones, no tiene nada que ver y su única finalidad es poner los dientes largos.  XD